Etherea es el lugar donde se sitúa el gobierno de todo el reino de Asandala.

En el principio de los tiempos, no fue así. Cada reino era independiente y tenían acuerdos comerciales y una cierta cordialidad, excepto con los habitantes de Isla Niebla, de la que ya hablaré otro día.

Hace cientos de años sobrevino lo que llaman “El Cataclismo Asolador”, cuando un vórtice de energía separó Etherea del resto de los reinos, elevándola en el aire. El último Ent, de la raza de los ents salvadores, tomó Etherea entre sus ramas y consiguió que las ciudades y los habitantes se estabilizaran en una altura en la que podían respirar. Dio su vida a cambio de la de los habitantes. Su cuerpo se unió a la tierra y sus ramas atravesaron todo el reino anclándolo a l sur de Solterra. Las raíces del Ent se hundieron como intentando atravesar de parte a parte el mundo.

Sin poder moverse de allí, el árbol fue muriendo lentamente, y su interior quedó hueco, petrificado. Los humanos y otras razas que allí vivían aprovecharon entonces para tallar unos toscos escalones para poder comunicarse con el resto de los reinos.

Muchas familias habían sido separadas durante el Cataclismo, pues en Etherea vivían pescadores y agricultores que tenían su quehacer más allá de la ciudad. Fue una gran alegría cuando se reunieron. Algunos jóvenes confraternizaron con los habitantes y fundaron Arenas Limpias, a orillas del Mar Profundo, y también con los sirénidos, dando lugar a bellas razas mixtas aptas para vivir fuera y dentro del mar.

El Cataclismo no fue desastroso del todo, pues unió a todos los reinos de Asandala bajo una misma reina, que recibió un hermoso regalo de la Diosa Luna: una joya en forma de piedra que nacía de su centro de energía, en el ombligo y que le confería ciertos dones extraordinarios. Al estar embarazada de dos niñas, ambas recibieron la joya, y así comenzó a perpetuarse la herencia entre las princesas.

Al principio, todas las princesas heredaban una, y cada una tenía un don especial. Algunas tenían visiones, otras eran capaces de modelar el agua o el viento, e incluso Firi fue capaz de dominar el fuego. Sin embargo, a partir de la generación de la abuela de Aricia, sólo nacía una princesa con todos los dones y con la joya. El resto, tenían un leve resquicio de magia, pero nada que ver con las que sí portaban la piedra.

Eso dio lugar, cuando nació Maisiri, a conflictos con su gemela Emosri, quien nació con la joya, pero al llegar a la adolescencia, le fue arrebatada por la Diosa y pasada a Maisiri, de carácter más bondadoso. Te podrás imaginar que esto no le gustó nada a Emosri, pero ya hablaremos más de ello.

Cuando Ari, la abuela de Aricia subió al trono, todavía su madre conservaba la joya y pudieron crear el Cordón de Plata, un camino de agua que une Etherea con el Mar Profundo, mucho más seguro que bajar por el Árbol Gris, y por supuesto más práctico para el comercio. El Cordón de Plata está salpicado de islas donde se aprovisionan o vigilan.

Para bajar por el Cordón de Plata los habitantes utilizan los Barcos de Alas. (Hablaremos de ellos otro día)

Por ello, toda Asandala se puso de acuerdo para proclamar a la reina de Etherea, de todos los reinos y ser protegidos y beneficiados por su magia.