Michu es una anciana de edad avanzada, aunque gracias a su sangre de sirénida se encuentra fuerte y más o menos ágil, a pesar de su edad.

Es pariente de Hazaña y por tanto descendiente de alguna forma de Humedal, el rey de los Seres Marinos.

De jovencita vivía en Arenas Limpias,  Su abuela era hija de un hijo de Humedal pero a partir de ahí, los matrimonios habían sido con humanos, por lo que la sangre de sirénida se había diluido a lo largo de las generaciones.

Y sin embargo, el Mar Profundo le atraía y pasaba muchas horas bañándose en su orilla. Una fresca mañana de otoño, sintió un remolino que se acercaba hacia ella. Espantada, nadó hacia la orilla. Podía ser un troll de agua. Algún imprudente habitante de Arenas Limpias había sido llevado hasta el fondo y nunca más se supo de ellos. O eso se decía.

Michu se sentó rápidamente en la arena, mirando aterrorizada el remolino, que comenzó a ser más superficial. De repente, se paró y el agua quedó como antes, tranquila, con pequeñas olas lamiendo la orilla. Ella seguía mirando la superficie del agua, cuando una cabeza azul comenzó a salir, despacio, para no asustar a la humana.

Después de la cabeza siguió la cara, con unos brillantes ojos amarillos y un cuerpo de sirénido.

–No te assussstess – le susurró el joven.

Michu abrió los ojos todavía más. Cubrió su ropa húmeda con las manos.

–¿Quién eres? –preguntó la joven.

–Me llamo Centinela. Te he vissto bañarte, Michu.

–¿Sabes mi nombre? ¿Y por qué me has mirado?

El sirénido sonrió mostrando sus picudos dientes.

–Ssoy el vigilante de la zona. SSiempre essstoy aquí.

Michu se sonrojó. A veces se bañaba desnuda. Sobre todo en las noches de luna llena, cuando bucear por las limpias aguas era tan placentero.

El sirénido salió del agua. Era un ejemplar joven, fuerte aunque no muy alto. Michu se sintió atraída desde el primer momento, y poco a poco, con los días, comenzaron una bonita relación.

Se reunían cuando él acababa su vigilancia y se amaban durante horas en el agua o fuera de ella. Incluso le consiguió una de las membranas de cabello de sirena y pudo viajar al interior de Terramar.

Al cumplir los veinte años, su madre le consiguió un trabajo en el palacio de Etherea. Era una jovencita ilustrada, con buena mano para los niños, así que iría a cuidar de la princesa Maisiri y de su hermana gemela Emosri, así como de la pequeña Seiri.

Su corazón se partió en dos. Además, estaba esperando un bebé de Centinela.

Sin embargo, los dolorosos acontecimientos se precipitaron. Un troll escapado de la Fosa Profunda, hirió de muerte a Centinela, que trataba de evitar que invadiera las playas de Arenas Limpias. Centinela falleció en los brazos de su amada y las pequeñas Asrais se lo llevaron a las profundidades donde reposaban en su último viaje.

El dolor fue tan fuerte y tan terrible que partió su alma en dos pedazos, y su pequeño bebé se diluyó en su vientre.

Con el esbozo de su vida borrado de un plumazo, decidió entregarse al cuidado de las princesas, recobrando la alegría y el amor familiar, aunque jamás volvió a enamorarse de nadie.

El amor por un sirénido era algo muy especial, único en Asandala, y aquella persona que se enamora de uno, jamás lo olvida.